Travis Knight vuelve al stop motion con una declaración de principios contra la inteligencia artificial
El director de Laika presenta Wildwood, su filme más ambicioso, y deja en claro que el oficio artesanal es para él la única forma legítima de animación

El otoño californiano se presenta templado y seco en Portland, donde Laika tiene sus estudios, y esa estabilidad del clima es una buena noticia para el equipo que durante cuatro años estuvo esperando las condiciones justas para rodar cada cuadro de Wildwood, el nuevo largo de Travis Knight que llega a las salas el 23 de octubre. Para quien sigue de cerca el mundo de la animación, el dato meteorológico no es un detalle menor: en el stop motion, la temperatura y la humedad condicionan el comportamiento de los muñecos, las articulaciones y las pinturas, de modo que cada jornada de filmación depende tanto de la mano del animador como del termómetro.
Yo vengo siguiendo la trayectoria de Knight desde su debut como director, Kubo y las dos cuerdas mágicas, una película que en 2016 le valió una nominación al Oscar y que instaló a Laika como un estudio de referencia dentro del stop motion internacional. Después de ese primer largo, Knight se cruzó hacia la acción real con Bumblebee y con el proyecto de He-Man y los Masters del Universo, una decisión que muchos interpretaron como un alejamiento del oficio artesanal que lo había formado. La vuelta a Laika con Wildwood, su quinto largometraje, se lee entonces como una reconciliación con esa raíz, y el propio director lo confirma cuando presenta la película como el trabajo más difícil que el estudio haya encarado en su historia.
Una defensa frontal del trabajo artesanal
En la ronda de prensa previa al estreno, Knight no esquivó el debate que domina a la industria audiovisual global: el avance de la inteligencia artificial generativa y su impacto sobre los procesos creativos. Lejos de contemporizar, el director planteó que la IA representa una filosofía opuesta a la del stop motion y, por extensión, a la de Laika como casa productora. Sus palabras no fueron tibias: el estadounidense sostuvo que la inteligencia artificial carece de humanidad, un argumento que para él no es técnico sino esencialmente artístico, porque entiende que contar historias consiste, justamente, en imprimirle alma a lo que uno hace.
“La IA es realmente contraria a todo lo que defendemos en Laika, porque en Laika, en el centro de todo lo que hacemos, está el artista. El stop motion hace gala abiertamente de su humanidad. Y la IA carece de humanidad. Contar historias, crear arte, consiste precisamente en imbuir de alma lo que hacés.”Travis Knight
El concepto es claro y merece ser subrayado: para Knight, el stop motion no es simplemente una técnica, es una manera de exhibir las marcas del proceso humano, las pequeñas imperfecciones, el tiempo que cada fotograma demanda, mientras que la animación generada por inteligencia artificial produce resultados sin ese rastro. Es por eso que, en su mirada, la diferencia entre un filme construido cuadro a cuadro por manos humanas y otro generado por un modelo automatizado no es de grado, sino de naturaleza, y esa distinción define, en última instancia, si una obra puede ser considerada arte.
Una película pensada para el espectador adulto
Wildwood se inscribe en la línea de los largos de Laika que apostaron por un público más allá de la primera infancia: una duración de 140 minutos, un equipo que tardó años en completar la filmación y una propuesta visual que, según se observa en el tráiler, conserva la minuciosidad artesanal que caracteriza al estudio. Para los lectores que conocen la trayectoria del stop motion, la película aparece como la confirmación de que la animación fotograma a fotograma sigue viva en un momento en que la tentación de automatizar procesos es cada vez mayor.
Y acá viene la reflexión que quiero dejar planteada, porque la pregunta de fondo excede a Knight y a Laika: en un mercado audiovisual que cada vez produce más contenido con herramientas de IA, ¿cambia la valoración del público cuando una película se presenta como una rareza artesanal? Lo que el Estado todavía no resolvió, en este como en otros campos creativos, es cómo se protege y se promueve el trabajo humano frente al avance de la automatización. Wildwood, más allá de su estreno, deja esa discusión servida en la mesa.
- Travis Knight tiene 52 años y volvió al stop motion tras sus pasos por la acción real.
- Wildwood dura 140 minutos y fue filmada cuadro a cuadro, a mano, en los estudios Laika.
- La película se estrena el 23 de octubre y es presentada como el proyecto más difícil del estudio.
- El director consideró que la inteligencia artificial carece de humanidad y es contraria a la filosofía artesanal de Laika.
- Para Knight, el stop motion exhibe las marcas del proceso humano y eso define si una obra puede considerarse arte.
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