Treinta años después, La momia sigue siendo la aventura que nunca aburre
Brendan Fraser y Rachel Weisz se convirtieron en la pareja inseparable del cine de aventuras con la película de Stephen Sommers que reventó las salas en 1999 y dio pie a dos secuelas. Un repaso por la trilogía completa, de la mano de sus personajes y de ese monstruo que volvió a la vida en el desierto.

Lo confieso: la primera vez que vi La momia fue en una sala de cine de las que ya casi no quedan, con butacas de pana y un patio de comidas que olía a pochoclo recién hecho. Era 1999, yo todavía no era periodista pero ya compraba pochoclos tamaño familiar para no compartir, y recuerdo perfectamente el silencio que se hizo cuando Brendan Fraser, colgado de una soga sobre un abismo en medio del desierto, miró a la cámara como pidiendo perdón por la locura que estaba por venir. A los pocos minutos, Rachel Weisz, rodeada de libros y tierra hasta las cejas, ya se había robado la película. Lo que siguió fue una montaña rusa de acción, terror a la antigua y romance con chispa que terminó dando origen a una trilogía que, más de dos décadas después, sigue mereciendo una revisitada.
Una historia que empieza con una maldición y termina con un mundo en peligro
La película de 1999, dirigida por Stephen Sommers, arranca con una expedición a las ruinas de Hamunaptra, en Egipto. Allí se cruzan dos personajes que parecen sacados de mundos opuestos: Rick O'Connell, un aventurero con más cara de duro que de profesor, y Evelyn Carnahan, una egiptóloga despistada y obsesionada con los jeroglíficos. Los dos terminan despertando, sin querer, a Imhotep, un sacerdote maldito que vuelve a la vida convertido en la momia más peligrosa del cine de los noventa.
La gracia de La momia, lo que la diferenció de las viejas películas de Universal, es que Sommers se tomó en serio la aventura sin dejar de lado el humor. La acción se mezcla con el terror clásico, pero también con escenas de comedia y con un romance que funciona porque los protagonistas se sacan chispas. Evelyn no es la damisela en peligro que espera ser salvada: sabe latín, descifra tablillas y se banca el desierto mejor que muchos. Rick, por su parte, aprende a mirar a esta mujer como se mira a alguien que te cambió la vida.
Las tres películas que completan la trilogía
- La momia (1999): la entrega original, dirigida por Stephen Sommers, que presentó a Rick y Evelyn en Hamunaptra y trajo de vuelta a Imhotep como la gran amenaza sobrenatural.
- El regreso de la momia (2001): la secuela inmediata, también con Sommers en la dirección, que lleva la acción a Londres y a la vez a Egipto, y en la que los personajes centrales ya forman una familia.
- La momia: tumba del emperador Dragón (2008): el cierre de la trilogía, ya sin Sommers ni con el elenco original, ambientada en China y centrada en una nueva maldición con el actor Jet Li como villano.
Las tres películas comparten un rasgo: la idea de que una civilización antigua dejó trampas que el presente paga caro. Pero también comparten algo más sutil, que es la forma en que Sommers y luego sus sucesores entendieron al monstruo. La momia no es un ente terrorífico sin matices: es una criatura alimentada por el amor perdido y la venganza, y eso la vuelve casi trágica. Es uno de los grandes hallazgos de la saga, y por eso los fans la defienden con tantas ganas cada vez que se anuncia un remake.
La huella de Indiana Jones, pero con voz propia
Es imposible mirar La momia sin pensar en Indiana Jones. La mezcla de exploración arqueológica, trampas mortales, romance y un villano carismático tiene la firma de Steven Spielberg y George Lucas. Sommers tomó esa receta, la condimentó con humor más explícito, con un terror más cercano al cine de monstruos de los años treinta y con un ritmo más ligero, y el resultado fue una película que se siente como un homenaje pero también como una reinvención. Los guiños están, pero la película tiene personalidad propia, sobre todo gracias a la química entre Fraser y Weisz, que en pantalla parecen viejos socios discutiendo por tonterías mientras huyen de una tormenta de arena.
A casi treinta años de su estreno, La momia sigue siendo una de esas películas que uno recomienda sin pensarlo cuando un amigo pide algo para ver un domingo a la tarde. Tiene aventura, tiene sustos, tiene romance, tiene escenas que se vuelven icónicas, y tiene a dos protagonistas entrañables. La trilogía, más allá de los altibajos de sus últimas entregas, dejó un lugar propio en el cine de aventuras y confirmó que las momias, cuando están bien escritas, siguen dando tanto miedo como ternura. Si todavía no la viste, o si la viste hace años y te quedó el recuerdo borroso, esta semana es una excusa perfecta para volver a Hamunaptra.
Comentarios
0Todavía no hay comentarios. Sé el primero.
Seguí leyendo

Karla Sofía Gascón, protagonista de 'Emilia Pérez', se quiebra en televisión al defenderse de acusaciones de racismo por sus tuits polémicos

Marvel incorpora a Denzel Washington a Black Panther 3 y lo considera ‘el mejor actor del mundo’

"Barreda" llega a la pantalla para revisitar el cuádruple crimen que conmovió a La Plata en 1992
