Un viaje al cielo neuquino de la mano de Estela y su telescopio: así se viven las noches de Lan Kuyen en el Salto del Agrio
La guía Estela Calfio convirtió la observación de las estrellas en un emprendimiento que combina astronomía, paisaje y relatos culturales. Con grupos reducidos, busca que cada visitante vuelva a casa con el cielo en la cabeza.

Acá, en este bendito país donde el zonda pega de lleno y la vereda se vuelve un horno a las cuatro de la tarde, uno se imagina que la única manera de refrescarse es abrir la heladera y rezar. Pero hay quienes, lejos de las ciudades, prefieren esperar que caiga el sol para asomarse a otro tipo de calor, el que llega de noche cuando uno levanta la vista y empieza a preguntar qué hay allá arriba. De eso, precisamente, se trata lo que hace Estela Calfio en la provincia de Neuquén, donde armó un emprendimiento de astroturismo que ya empieza a sonar entre quienes buscan una experiencia distinta, lejos del ruido y con el cielo como única pantalla.
El plan es sencillo de explicar y difícil de olvidar, me contaba Estela desde la Patagonia, mientras el viento de la tarde le movía el pelo y la idea general de la charla iba tomando forma: se trata de salidas nocturnas para observar el cielo en entornos naturales, con grupos chicos y explicaciones que están al alcance de cualquiera, no importa si uno fue el alumno que más sufria con la materia Física en el colegio o si es de los que se aprendieron las galaxias de memoria.
El Salto del Agrio y la luna llena como escenario
Una de las propuestas más lindas que tiene Lan Kuyen, que es el nombre mapuche que Estela le puso a su proyecto, es la salida para observar la luna llena en el Salto del Agrio, ese rincón neuquino que muchos ya tienen en la cabeza por sus cascadas y sus paredones de roca. La idea es mezclar el paisaje con lo que pasa arriba, porque cuando se junta un entorno así con un cielo limpio, la noche se transforma en una especie de función de cine al aire libre, solo que con estrellas de verdad y con un guía que va contando qué es lo que uno está mirando.
En cada salida, Estela se encarga de las charlas y de ir explicando lo que se ve, mientras su marido la acompaña en la parte más práctica: preparar los instrumentos, acomodar el telescopio y resolver la logística para que nada falle en medio del campo. Esa división de roles, me decía ella con una sonrisa, es la que les permitió sostener el emprendimiento sin quemarse en el intento y, sobre todo, sin perder la mística de lo que hacen.
- La observación se hace con grupos reducidos para cuidar entornos frágiles y reducir el impacto en el lugar.
- Se busca alejarse de la contaminación lumínica para que el cielo se vea lo más limpio posible.
- Las charlas tienen un perfil recreativo, pensado para que se entiendan nociones de planetas y universo sin necesidad de ser experto.
- Se suman relatos de la mitología griega y de la cosmovisión mapuche para mostrar cómo distintas culturas leyeron el cielo a lo largo de la historia.
Esa mezcla entre ciencia y cultura es, para mí, el detalle que marca la diferencia. No es lo mismo mirar la vía láctea y que alguien te diga “eso es la vía láctea” a que te cuenten que para los mapuches esas manchas en el cielo tenían otro nombre y otro significado, y que los griegos veían en esas mismas luces a sus dioses y a sus héroes. La astronomía, cuando se cuenta así, deja de ser un tema de libro y se convierte en una puerta de entrada a otras formas de mirar el mundo.
“Quiero que el visitante se lleve una experiencia significativa, que cuando vuelva a mirar el cielo pueda reconocer algo o recordar lo que le contamos en la salida.”Estela Calfio, guía de astroturismo y fundadora de Lan Kuyen
Esa frase me la dijo Estela con la calma de quien sabe que está haciendo algo que le gusta, y se nota. Entre los momentos que ella misma destaca están los colores del atardecer, ese rato en el que la luz se pone imposible y todo parece pintado a mano, y el llamado cinturón de Venus, una banda rosada que aparece en el horizonte cuando las condiciones acompañan y que muchos nunca habían visto antes, ni siquiera en fotos. Son esos detalles, me decía, los que hacen que la gente se vaya con la sensación de haber estado en un lugar especial y no solamente de haber pasado un rato al aire libre.
Para los que estén armando una escapada a Neuquén, esta clase de actividad suma una pata nocturna al viaje y rompe con la lógica de que la Patagonia solo se disfruta de día. La vegetación, el entorno y los fenómenos visibles cambian de una salida a la otra, así que cada encuentro tiene su propio sello. Eso sí, antes de lanzar la valija, lo que hay que hacer es consultar la programación: las fechas, los precios, la duración y los puntos de encuentro no están publicados, y la forma de comunicarse con Lan Kuyen es la cuenta lankuyen.astroturismo en redes sociales o el teléfono 299 5377788.
Mientras tanto, acá, a varios miles de kilómetros del sur, uno se queda pensando en cuántas veces habrá mirado el cielo sin entender realmente qué estaba viendo. Como me lo resumió la propia Estela antes de cortar, con ese tono cercano que dejan los años de guiar gente bajo las estrellas: “Una vez que aprendés a mirar el cielo, ya no lo podés dejar de mirar”. Y la verdad, viniendo de alguien que vive de eso, la frase pega fuerte.
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