Una comadrejita en la leña y una lección que sirve para cualquier patio neuquino
Lo que pasó en Cutral Co, con un marsupialito oculto entre los troncos, reabre un debate de todos los días: qué hacemos cuando la fauna silvestre se nos cruza en la casa sin pedir permiso.

Arrancamos esta crónica con un calor de esos que se quedan pegados a la piel, de esos que en Neuquén suelen venir acompañados por algo de viento zonda y por esa sensación de que la tarde no se decide a terminar. Pero hoy la historia no pasa por el termómetro sino por una leñera. Sí, una leñera como la que muchos de nosotros tenemos en el fondo de casa, en Cutral Co, donde una familia se llevó una sorpresa que le cambió la tarde: una comadreja enana, diminuta, perfecta, escondida entre los gajos. La cuenta me la acercó María, una vecina del barrio que me atendió por teléfono con esa mezcla todavía fresca del asombro y la prudencia. Ella, como me dijo con palabras muy sencillas, sintió que lo mejor era no tocar nada y llamar a quien sabe. Y vaya si acertó.
Porque esa decisión que parece menor, la de no meter la mano, es justamente la que termina salvando al animal. Me lo dejó bien claro cuando le pregunté cómo reaccionó al verla: "me quedé quieta, miré bien y me dije, esto es para los chicos de Guardafaunas, no para mí". Y así pasó: el equipo de Guardafaunas de Picún Leufú llegó al domicilio, se movió con protocolo de manipulación mínima, evaluó al ejemplar desde el punto de vista veterinario y, como estaba sano, lo liberó en su ambiente natural, que es exactamente donde tiene que estar.
Una especie que se confunde con un ratón y no tiene nada que ver
Acá viene un dato que a mí, sinceramente, me voló la cabeza: la comadreja enana, cuyo nombre técnico es Thylamys pallidior, no es un ratón ni se le parece más que en el tamaño. Es un marsupial, sí, un marsupialito de toda la vida, de la familia de las comadrejas americanas, hecho y derecho. Mide entre ocho y medio y doce centímetros de cuerpo y pesa entre quince y treinta y seis gramos. Tiene pelaje grisáceo, el vientre clarito y unas manchas oscuras alrededor de los ojos que le dan una mirada de viejo sabio. Es nocturna, discreta, y se alimenta de insectos, frutitas y animalitos chicos. Y hay un detalle que me parece de cosas que uno no se olvida más: tiene cola prensil, y ahí, enrollada, guarda grasa para pasar los inviernos duros y los momentos de escasez. Se la ve y cuesta creer que algo tan chiquito venga tan bien preparado.
Como vive en ambientes áridos y de estepa, propios del interior neuquino, no es raro que alguna vez se cruce en nuestro camino. La experta me recordó algo que conviene repetir hasta el cansancio: el solo hecho de parecer inofensiva no significa que podamos tratarla como una mascota o un juguetito. La Dirección Provincial de Fauna de Neuquén lo dijo textual y me parece justo reproducirlo: "la fauna silvestre no es mascota", y agregó una frase que me gusta porque corre por cuenta de todos nosotros: "protegerla es tarea de todos".
Qué hacer si aparece fauna silvestre en la casa o el patio
- No manipular al animal, ni siquiera para ver de qué se trata.
- No intentar retenerlo ni mucho menos criarlo como mascota.
- Dar aviso inmediato a la autoridad de fauna de la zona, en Neuquén a la Dirección Provincial de Fauna o a Guardafaunas.
- Alejar mascotas y chicos para que el animal no se estrese de más.
- Dejar que el equipo profesional haga la evaluación y la liberación.
Hablemos un momento del por qué de esta lista, porque no es capricho. El contacto directo, aunque venga cargado de buenas intenciones, puede provocarle un estrés enorme al animal, que ya de por sí está asustado por encontrarse en un lugar que no es el suyo. También podemos transmitirle enfermedades, algo que muchas veces no tenemos en la cuenta. Y, lo que es peor, lo acostumbramos a nosotros, a nuestra presencia, y eso en la mayoría de los casos le achica las chances de sobrevivir cuando vuelve a la naturaleza. La mejor ayuda que le podemos dar, me insistió María desde Cutral Co, es corrernos y llamar. "A veces ayudar es hacerse a un lado", me dijo, y esa frase se me quedó dando vueltas toda la tarde.
Entonces, yendo a lo concreto, si en estas semanas de calor y de movimiento de leña, de apertura de quinchos y de limpieza de fondos, te encontrás con un animal silvestre, lo primero es respirar hondo, lo segundo es no tocarlo y lo tercero es marcar el teléfono de la autoridad de fauna más cercana. Nada de redes sociales pidiendo consejos, nada de vecinos inventando jaulas, nada de buena voluntad que termine mal. El protocolo es siempre el mismo y es el que, en definitiva, le devolvió a la comadrejita de María al lugar donde tiene que vivir. Como me cerró ella, con esa certeza de las personas que aprenden en el momento justo: "la dejamos tranquila y que la naturaleza siga su curso".
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