Yemas de Santa Teresa: la receta clásica de la repostería española que se resuelve con cuatro ingredientes y algo de pulso
Con yema, agua, azúcar y piel de limón se prepara uno de los dulces más antiguos de la pastelería ibérica. El secreto pasa por el almíbar a punto de hebra fina y por una cocción lenta que demanda atención.

Las yemas de Santa Teresa ocupan un lugar destacado dentro del repertorio más antiguo de la repostería española. La receta se sostiene sobre apenas cuatro ingredientes —yema de huevo, agua, azúcar y piel de limón—, una austeridad que, sin embargo, se compensa con el rigor que exige cada paso, en particular la confección del almíbar y el manejo posterior de la mezcla.
La elaboración comienza con un almíbar trabajado a fuego medio a partir del agua, el azúcar y la piel de limón. El punto buscado es el de hebra fina, que se alcanza cuando la mezcla llega a 105 °C. Quien no disponga de termómetro puede guiarse por una referencia visual: el almíbar debe retirarse del fuego antes de que adquiera coloración, puesto que cualquier giro hacia el caramelo alterará el resultado final.
El trabajo con las yemas y la cocción final
En paralelo, las yemas se baten y se pasan por un colador fino para descartar cualquier grumo. Sobre esa preparación se vierte el almíbar en hilo fino, sin interrumpir el batido con varillas metálicas, hasta lograr una mezcla homogénea. Esa preparación vuelve al fuego, ahora suave, y se cocina con movimiento constante durante aproximadamente treinta minutos, hasta que espese y se despegue de las paredes del recipiente.
Una vez fría, la masa se manipula con las manos ligeramente aceitadas con aceite vegetal para impedir que se adhiera. Con cuidado, por la delicadeza de la textura, se forman pequeñas esferas que se rebozan en azúcar glasé y se disponen en cápsulas de papel. El guardado se realiza en la heladera hasta el momento de servir.
El consumo se piensa en porciones pequeñas: como bocado de cierre junto al café o una infusión, estas yemas funcionan como un petit cuatro discreto y sin mayores pretensiones, en la línea de la repostería clásica de sobremesa.
¿Existe alguna variante regional de este dulce o una técnica alternativa para conseguir la textura perfecta?
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