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Cuando la confusión aparece de golpe en un abuelo: la señal que no hay que dejar pasar

Especialistas de Cleveland Clinic remarcan que un cambio brusco en la atención o la conducta puede ser un episodio de delirio, un cuadro que muchas veces se revierte si se trata la causa que lo dispara. La diferencia con la demencia está en los tiempos y en cómo se manifiesta a lo largo del día.

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Javier RiverosSociedad y vida cotidiana · 15 DE SEPT DE 2026 · 3 min de lectura

A veces uno está tomando mate en la cocina, con la ventana abierta para que entre un poco de aire, y de repente nota que su madre, su padre o ese tío que vive con nosotros desde hace años se queda mirando la pared como si no entendiera dónde está. No es un olvido común, ni una de esas repeticiones que uno ya conoce. Es algo distinto, más profundo, más abrupto, que aparece de un día para el otro y que nos deja con la sensación de que algo no anda bien. Esa sensación, según explican los especialistas, hay que tomarla en serio y actuar rápido.

Porque, como aclara Heather Torbic, farmacéutica de cuidados intensivos de Cleveland Clinic, cuando una persona mayor se desorienta de manera repentina o empieza a tener dificultades para seguir una conversación, lo que está ocurriendo puede necesitar atención médica inmediata. Esa urgencia vale también para quienes ya tienen un diagnóstico de demencia: un cambio brusco respecto de su estado habitual puede estar indicando un episodio de delirioado al deterioro que ya conocíamos, y que merece una evaluación profesional cuanto antes.

Cómo distinguir un cuadro de otro

  • El delirio se instala en horas o a lo largo de uno o dos días. La demencia, en cambio, se desarrolla durante meses o años, con una pérdida gradual de capacidades que va afectando las actividades cotidianas.
  • Un día puede haber un rato de lucidez y al rato siguiente, otra vez confusión. Esa variación dentro de una misma jornada es una de las claves para reconocer el delirio.
  • La persona puede tener problemas para concentrarse en lo que pasa a su alrededor y mostrar cambios de conducta: más retraimiento, más irritabilidad o una agresividad que antes no tenía.
  • En las primeras etapas de la demencia la atención suele conservar una mayor estabilidad, por eso una alteración marcada y reciente llama la atención.

Torbic insiste en un punto que parece obvio pero que en la práctica se confunde seguido: el delirio puede estar avisando que hay un problema en el organismo que necesita tratamiento. Una infección, un desequilibrio, un medicamento que cayó mal. Si uno lo interpreta como una simple manifestación de la demencia, lo que termina ocurriendo es que se demora la evaluación y se deja sin atender la causa que disparó la confusión. Acá en el barrio, más de una vez escuché a un vecino decir “ya está grande, son cosas de la edad”, y la verdad es que esa frase, dicho sea con todo respeto, puede ser peligrosa.

Un cuadro frecuente en las internaciones

El delirio aparece con bastante frecuencia durante las internaciones, sobre todo en las unidades de cuidados intensivos, y el riesgo crece cuanto más se prolonga la estadía en el hospital. Cuando el equipo de salud lo detecta, sale a buscar ese desencadenante que puede tratarse. Corregirlo permite, en muchos casos, revertir la confusión. La demencia, en cambio, también necesita evaluación médica, pero por lo general no es una emergencia en sí misma, aunque sí vuelve a las personas más vulnerables al delirio cuando se enferman o quedan internadas.

“Cuando aparece una alteración abrupta respecto del estado habitual, reconocerla a tiempo resulta clave para orientar la atención y no demorar un tratamiento que, en el caso del delirio, puede cambiar el rumbo de los días que vienen.”Heather Torbic, farmacéutica de cuidados intensivos de Cleveland Clinic
JR
Javier RiverosSociedad y vida cotidiana

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