Cuando la gripe se vuelve una pesadilla: las seis alertas que no se pueden dejar pasar
El infectólogo Dhatri Kotekal repasó las complicaciones más serias que puede arrastrar el virus, desde una neumonía hasta un infarto, y puso el foco en los pacientes con enfermedades previas. La recomendación central es simple: ante cualquier empeoramiento brusco después de una mejoría, no hay que esperar.

Hay tardes de julio acá en Mendoza en las que el Zonda pega de lleno en la vereda y uno se cruza con el vecino Carlos, del segundo piso, que todavía anda arrastrando una gripe de las que no se van nunca. "Llevo tres semanas con el cuerpo molido —me cuenta mientras se seca la frente— y la semana pasada sentí que me faltaba el aire subiendo las escaleras. Fui al médico y me dijo que casi se me complica con una neumonía". Esa frase, que uno escucha cada invierno en cualquier esquina del barrio, resume mejor que cualquier manual por qué la gripe no es una simple fiebre con mocos: cuando se complica, puede complicarse de verdad, y el margen para reaccionar suele ser de horas, no de días.
Eso lo dejó bien claro el infectólogo Dhatri Kotekal, especialista consultado por la clínica Cleveland, al repasar las complicaciones graves que puede arrastrar una influenza mal cuidada o, simplemente, con mala suerte. La más frecuente entre las potencialmente mortales, dice, es la neumonía, que aparece de dos maneras: o bien porque el propio virus baja hasta los pulmones, o bien porque la gripe abre la puerta a una infección bacteriana que se cuela mientras las defensas están entretenidas peleando contra el virus original.
Las señales de alarma que no admiten espera
- Falta de aire, dolor o sensación de opresión en el pecho, y labios o uñas con tono azulado: trío clásico de emergencia.
- Confusión, desmayo, vómitos intensos y deshidratación severa: el cuerpo está pidiendo ayuda a los gritos.
- En los más chicos, respiración acelerada y llanto que no se calma con nada, dos signos que los padres aprenden a temer.
- Empeoramiento repentino después de unos días de mejoría: puede ser la pista de una infección secundaria, como una neumonía.
- Antecedentes como diabetes, insuficiencia renal, enfermedades cardíacas, pulmonares u obesidad, que achican los márgenes de recuperación.
- Edad de riesgo: menores de cinco años, mayores de 65 y embarazadas, los tres grupos donde la gripe pega más fuerte.
Lo que más insiste en remarcar Kotekal es ese punto intermedio, el del paciente que parecía haber doblado la curva y de golpe vuelve a sentirse mal. "Si alguien estaba mejorando y de repente vuelve con fiebre alta, tos con flema o dolor en el pecho, eso no es un paso atrás del cuadro: es una señal de que apareció algo nuevo", resumió el especialista. En personas con enfermedades previas, agregó, ese deterioro puede ocurrir en apenas 24 o 48 horas, lo que deja muy poco tiempo para reaccionar en la casa.
Porque la gripe no se agota en la fiebre y el dolor de cuerpo. Kotekal advierte que el esfuerzo que hace el organismo para enfrentar el virus puede abrir la puerta a complicaciones que parecen sacadas de otra película: sepsis, que es esa respuesta inmune tan descontrolada que termina dañando los propios tejidos y órganos; reagudización de asma o enfermedad pulmonar obstructiva crónica; insuficiencia respiratoria; y, en pacientes con el corazón frágil, alteraciones del pulso y la presión arterial que pueden terminar en un infarto o en un accidente cerebrovascular.
La aclaración que hace el infectólogo vale la pena repetirla: tanto la influenza A como la B pueden complicarse, así que el tipo de virus no es un consuelo ni un atenuante. Y aunque estar sano antes de contagiarse reduce el riesgo, no lo elimina: cualquier persona puede terminar en la guardia con un cuadro serio si el cuadro se desmadra. De ahí que la prevención —vacunación anual para los grupos de riesgo y consulta temprana ante cualquier signo de los que mencionamos— siga siendo, como dice cada año el Ministerio de Salud, la herramienta más barata y más efectiva que tenemos a mano.
“Si alguien estaba mejorando y de repente vuelve con fiebre alta, tos con flema o dolor en el pecho, eso no es un paso atrás: es una señal de que apareció algo nuevo.”Dhatri Kotekal, infectólogo
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