Cuando la maternidad se reparte en dos cuerpos: el método ROPA contado por sus protagonistas y por un especialista argentino
Una pareja de mujeres que ya tiene dos hijas y el médico que las acompañó explican cómo funciona la técnica que permite que una aporte los óvulos y la otra geste, y por qué la elección de cada rol combina deseos y evaluación clínica.

Acá, en la vereda de casa, donde el sol cae como si no existiera el otoño, te propongo algo distinto: bajemos un cambio y miremos una historia de esas que te reconcilian con la especie humana, con la paciencia y con la ciencia cuando se pone al servicio de la vida cotidiana, porque a veces la vida cotidiana es, justamente, decidir cómo se hace una familia cuando sos una pareja de mujeres y querés que las dos participen del proceso reproductivo, y eso, te lo aseguro, no es un tema menor ni un trámite, es una conversación larga, íntima y profundamente humana que en mi caso, como te conté tantas veces en esta columna, me toca de cerca porque la conozco de cerca, la veo en el barrio, en la plaza, en la cola del super, y por eso hoy te la traigo acá, en primera persona, con sus nombres propios y con el especialista que las acompañó, para que vos, que me leés desde hace años y sabés que no me callo nada, puedas entender de una vez cómo funciona el método ROPA y qué significa para dos mujeres que eligen recorrerlo.
Qué es el ROPA y por qué no es cualquier método
Para que estemos todos en la misma página y nadie se pierda, arranco por lo básico, porque a mí me gusta explicar las cosas como si estuviéramos charlando en la mesa de la cocina con el mate circulando: ROPA quiere decir Recepción de Ovocitos de la Pareja, sí, suena técnico y un poco frío, pero en criollo significa que una de las mujeres aporta los óvulos y la otra los gesta, y todo se hace con fecundación in vitro y con semen de un donante, que es lo que marca el punto de partida clínico de esta historia. Lo que más me importa remarcarte, porque es lo que cambia la conversación, es que acá no hay una distribución obligatoria de los papeles: la decisión de quién pone los óvulos y quién lleva el embarazo se construye entre las dos, con la guía de un especialista, y combina los deseos de cada una con la evaluación médica correspondiente, y eso, te lo subrayo porque es la clave de toda la nota, no es un capricho ni una elección a la ligera, es un proceso serio, hecho con tiempo y con información.
“Se consideran la edad y la reserva ovárica de quien aporta los óvulos, y el estado de salud, la historia ginecológica y obstétrica y las condiciones uterinas de quien va a gestar. Si las dos pueden asumir cualquiera de los roles, también cuenta cómo cada una desea vivir la maternidad.”Agustín Pasqualini, especialista en medicina reproductiva
Los criterios médicos y los deseos que se ponen en la balanza
Ahora bien, si vos te estás preguntando cómo se decide en la práctica quién hace qué, te lo desgrano como me lo desgrana Pasqualini, porque él lo explica con una claridad que a mí, como lector y como periodista, me parece un ejemplo: en la mujer que va a donar los óvulos se miran dos cosas centrales, que son la edad y la reserva ovárica, y no es un dato menor ni un detalle, porque la biología manda y la edad es lo que más pesa ahí, mientras que en la mujer que va a recibir el embrión se revisa el estado general de salud, la historia ginecológica y obstétrica previa y las condiciones del útero, que es donde va a anidar la vida que viene. Cuando las dos están en condiciones clínicas de cumplir cualquiera de los dos roles, ahí entra el corazón y la cabeza de cada una, y aparece la pregunta que ningún examen puede responder: cómo querés vivir la maternidad, si querés atravesar el embarazo o si preferís aportar tu carga genética, y esa pregunta, te lo digo con total honestidad, es de las más profundas que se puede hacer una mujer en pareja, y por eso es importante que esté acompañada por un equipo médico que la contenga, porque no es una elección fácil ni es una elección cualquiera.
Una pareja, dos hijas y la decisión que cambió todo
Y acá, lector, es donde la nota se vuelve carne, donde deja de ser técnica para volverse historia de vida, porque Pamela Visciarelli y Mariana Blanco, que son las protagonistas de esta nota y a las que les agradezco de corazón que me hayan abierto la puerta de su experiencia, llegaron al método ROPA después de varios intentos que no habían terminado en embarazo, y la propuesta se las hizo su propia médica, Liliana Blanco, que les sugirió que Pamela aportara los óvulos y Mariana gestara, y te aclaro que hasta ese momento Mariana venía haciéndolo todo con óvulos propios, con lo cual el cambio de estrategia fue, como me imagino que entendés, un antes y un después en la conversación de la pareja. Ellas ya habían hablado de quién llevaría adelante el primer embarazo, y por la diferencia de edad entre las dos querían que Mariana tuviera esa experiencia primero, y así fue como con ROPA nació Juana, y dos años después Pamela gestó a Eva, y según me relataron las dos con una mezcla de orgullo y de sorpresa que a mí me conmovió, ambos embarazos se consiguieron en la primera transferencia de cada tratamiento, lo cual no es un dato menor ni un milagro, es el resultado de un proceso bien hecho y de un cuerpo que respondió como tenía que responder.
Y para ir cerrando esta nota que a mí me dejó pensando un buen rato, porque te juro que estas historias me dejan pensando un buen rato, te dejo con un detalle que a mí me parece de los más valiosos y que muchas veces se pasa por alto cuando se habla de estos temas, y es que Pamela me contó que durante el embarazo de Mariana, en la calle, en el trabajo, en la familia, había gente que no terminaba de entender qué lugar ocupaba ella en esa familia que se estaba formando, y que explicar que también era la mamá se volvió parte de su vida cotidiana, y no te lo cuento como una queja ni como un lamento, te lo cuento como lo que fue: un ejercicio de pedagogía amorosa y constante, y para ella, y esto es lo que más me importa rescatar y por eso te lo transcribo casi textual, la llegada de Juana significó poder reconocer su propia maternidad sin necesidad de haber atravesado un embarazo, y esa frase, que me parece enorme y que vale toda la nota, la dejo flotando acá, en esta vereda donde el sol todavía pega fuerte, para que te la lleves puesta a tu casa y la pienses con tiempo, como se piensan las cosas importantes.
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