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Jueves, 15 de octubre de 2026
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Cuando las ratas llaman a la puerta: cómo taparles el paso y limpiar lo que dejaron sin enfermarse

Un responsable técnico de una empresa de control de plagas explica por qué la espuma de poliuretano sola no sirve, dónde se cuelan los roedores sin que nadie los vea y qué hacer -y qué no hacer- al levantarse después con excrementos en el piso de la cocina o el depósito.

JR
Javier RiverosSociedad y vida cotidiana · · 5 min de lectura
Cuando las ratas llaman a la puerta: cómo taparles el paso y limpiar lo que dejaron sin enfermarse

La mañana en San Juan arrancó pesada, con esa calma espesa que deja el Zonda cuando se acomoda sobre los techos y parece que la ciudad entera estuviera tapada con una frazada tibia. En la vereda, mientras el sol empieza a pegar de verdad, Don Héctor, del departamento de Higiene Urbana, me señala la esquina del zócalo de su casa y dice, como quien confiesa algo: "Mire, joven, yo pensé que con tirar un poco de espuma en el agujerito ya estaba. A la semana volvía a aparecer la rata como si nada, como si la convidáramos a volver". Esa frase, repetida en mil cocinas y galpones del conurbano y del interior, es exactamente el punto de partida de la advertencia que repiten los que saben: tapar un agujero no alcanza si el material con el que se tapa puede ser roído.

Porque la espuma de poliuretano, esa que se compra en cualquier ferretería y se expande al secarse, es el sellador más usado para cerrar agujeros en paredes, zócalos y cañerías, y sin embargo tiene una limitación concreta que cualquiera puede chequear en el manual del producto: los roedores la pueden roer con naturalidad, así que por más prolijo que quede el trabajo, queda a medias. Para que el cierre funcione de verdad, y acá viene lo que diferencia un parche de una solución, el material tiene que combinarse con malla metálica o con lana de acero antes de aplicar la masilla, y recién encima va el sellador. Esa barrera física, explican los técnicos, es la que aguanta el diente de la rata y la del ratón, no la espuma sola.

Los puntos de ingreso que casi nadie mira

  • Los burletes deteriorados bajo las puertas, que con el uso pierden el ajuste y dejan una rendija por donde entra un ratón adulto sin esfuerzo.
  • La vegetación pegada a la fachada, que funciona como puente silencioso entre la vereda y los marcos de las ventanas o las rejillas de ventilación.
  • Las cajas de cartón apiladas en depósitos y garages, un clásico de fin de semana: el roedor las usa de nido y de escondite a la vez.
  • Las pequeñas fugas de agua, que no inundan pero mantienen humedad y atraen a los animales.
  • Los alimentos de mascotas que quedan al alcance durante la noche, ese plato de comida que se deja en el patio o en la cocina hasta la mañana siguiente.

Y acá, vecinos, viene un dato que a mí me llamó la atención y que vale la pena tener muy presente: una vivienda ordenada y limpia puede tener una infestación si alguno de esos accesos queda abierto. No es cuestión de pulcritud, es cuestión de.geometry, de puntos por donde un animal de cuatro centímetros puede pasar. Por eso mismo los remedios caseros que circulan por redes, tan populares como efectivos en el imaginario colectivo, no ofrecen resultados duraderos: la menta y el vinagre, que tanto se recomiendan en videos cortos, no repelen de forma sostenida, los dispositivos de ultrasonido no atraviesan paredes ni muebles y los roedores se acostumbran al estímulo sonoro con el paso de los días, las trampas de resorte pueden capturar un ejemplar aislado pero no controlan una infestación entera, y las trampas adhesivas, sin más, generan sufrimiento innecesario sin resolver el foco. Ninguna de esas alternativas reemplaza, según repiten los manuales de buenas prácticas, la tarea previa de localizar y cerrar los puntos de entrada, que es donde empieza todo.

El paso a paso para limpiar excrementos sin levantar polvo contaminado

  • Ventilar el ambiente durante al menos treinta minutos antes de ingresar al recinto.
  • Colocarse guantes resistentes y protección para las vías respiratorias, idealmente barbijo N95.
  • Humedecer los excrementos con un desinfectante apropiado y dejarlo actuar el tiempo que indique el envase.
  • Retirar todo con papel, sin contacto directo, y descartar el material en una bolsa cerrada.
  • Nunca barrer en seco ni usar aspiradora, porque ambas acciones levantan polvo con partículas potencialmente infecciosas que se inhalan sin notarlo.

El detalle de la aspiradora no es menor y, la verdad, asombra a quien lo escucha por primera vez: parece lo más lógico del mundo enchufar la escoba eléctrica y aspirar los restos, pero esa misma succión esparce por el aire partículas que pueden traer virus y bacterias asociados a enfermedades como la leptospirosis o el hantavirus, y la persona que está limpiando termina inhalándolas sin darse cuenta, en silencio, sin toser siquiera. Por eso el protocolo insiste tanto en humedecer antes de tocar nada, por más tentador que sea levantar todo de un manotazo. Los roedores, además, pueden transmitir esas enfermedades a través de la orina, los excrementos y las mordeduras, y de paso introducir parásitos como pulgas, garrapatas y ácaros que después se pasean por toda la casa como si fueran propios.

Si los rastros se repiten semana tras semana, o si hay sospechas fundadas de que el foco está en la red de alcantarillado -algo que en el AMBA y en varias ciudades del interior pasa más de lo que se admite-, lo recomendable, coinciden los manuales y los técnicos consultados, es recurrir a un servicio profesional de control de plagas, porque ahí el problema ya dejó de ser doméstico y pasó a otro nivel. A Don Héctor, mientras le tomo nota en la libreta, le brillan los ojos cuando resume todo en una sola frase que, me parece, le va a quedar sonando al lector el resto del día: "Yo ahora lo entendí, pibe: si querés que la rata no vuelva, no le tapes la puerta, sacale la puerta". Dura, gráfica y, como tantas veces, exacta.

JR
Javier RiverosSociedad y vida cotidiana

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