La bolsa de la cocina y el riesgo de lo que uno tira sin pensar: dónde llevar los remedios vencidos en Neuquén
Después de que aparecieran medicamentos vencidos mezclados con basura en pleno centro de la capital neuquina, el municipio insistió con una recomendación que muchos hogares todavía no incorporaron: descartarlos en farmacias adheridas y nunca en el tacho común.

El viento zonda todavía arrastra el polvo de la siesta cuando uno sale a tirar la bolsa y, muchas veces, sin pensarlo, se desprenda de cajones enteros de remedios que ya no sirven. En Neuquén acaban de detectar justamente eso: medicamentos vencidos abandonados en contenedores y tachos en la calle, en dos esquinas céntricas de las que cualquier vecino pasa a diario, San Martín y Chubut, y San Martín y Río Negro. La escena, que parece menor, abrió un debate de fondo que me cruza cada vez que acomodo la basura en casa: ¿adónde carancho van los remedios cuando uno deja de usarlos?
El circuito que casi nadie conoce pero existe
Desde el municipio recordaron que en la ciudad funciona hace rato un programa de Recolección Segura de Medicamentos Vencidos que tiene una lógica bastante simple y a la que uno se aferra sin dudar: las farmacias adheridas reciben los remedios en contenedores rojos específicos, sin cobrar un peso y sin pedir demasiadas explicaciones. La entrega es gratuita, está habilitada durante el horario de cada farmacia y el recipiente está diferenciado del resto para que nadie lo confunda con un cesto de residuos comunes. Una vez que esos contenedores se llenan, pasa a buscarlos personal especializado para tratarlos como corresponde.
“Lo que para uno es un blíster viejo en el fondo del placard, para un chico que pasa por la vereda puede terminar siendo un problema serio, y eso es lo que queremos evitar”integrante del área de Residuos Especiales consultado por el municipio
Por qué no se tiran con la basura habitual
La insistencia municipal no es caprichosa. Desde el área encargada explicaron algo que cae de maduro cuando uno lo piensa con un poco de calma: dejar medicamentos al alcance de cualquiera en la vía pública expone sobre todo a los niños y a los animales que se cruzan en la recorrida diaria. Existe un riesgo concreto de que alguien los manipule, los confunda con otra cosa y termine ingiriéndolos sin querer. A eso hay que sumarle lo que pasa después: cuando los remedios van a la bolsa domiciliaria o quedan tirados en la calle, se pierde el control sobre cómo se desechan, y lo que termina en la basura termina, muchas veces, contaminando.
Qué se hace con lo que se retiró de la calle
Lo que hallaron en esta última recorrida ya quedó fuera de circulación. Lo retiró personal de la Subsecretaría de Ambiente, Naturaleza y Protección, trabajando junto con la empresa Baasa, y los productos fueron trasladados para su gestión como residuos patógenos. El procedimiento que informaron contempla una instancia final que, aunque suene fuerte, es la que cierra el círculo: la incineración en un horno pirolítico, que es el método que se utiliza para este tipo de desechos cuando no pueden reaprovecharse ni recibir un tratamiento convencional.
Lo que sirve tener en la cocina de casa
- Revisar cada cierto tiempo el botiquín y separar lo que esté vencido o ya no se use.
- No descartar los medicamentos en la bolsa de basura domiciliaria ni abandonarlos en contenedores de la calle.
- Llevarlos a la farmacia adherida al programa municipal y depositarlos en el contenedor rojo dispuesto para eso, sin mezclarlos con otros residuos.
- Tener en cuenta que la entrega es gratuita y se puede hacer durante el horario normal de atención del comercio.
- Recordar que arrojar residuos en la vía pública no está permitido y que cada tipo de desecho tiene un canal habilitado para su descarte.
Vuelvo siempre a la misma escena, la de la mesa del comedor un domingo a la tarde, revisando cajones con mi señora y encontrando cajitas que ni recordaba que teníamos. La tentación de meterlas en la bolsa y sacarlas de encima es enorme, pero ahora que uno conoce el camino no hay excusa: la farmacia queda a pocas cuadras y el recipiente rojo espera en la puerta. Como me decía esta semana una vecina del barrio Belgrano con la que charlé sobre el tema, doña Carmen, mientras acomodaba un frasco en el bolso: uno no se da cuenta de lo que vale esa tranquilidad hasta que toma conciencia de que está tirando algo que puede hacer mucho daño.
Comentarios
0Todavía no hay comentarios. Sé el primero.
Seguí leyendo

Dopamina en la vida moderna: qué dice la neurociencia sobre mitos y realidades


