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La cafeína que los chicos no deberían estar tomando: lo que hay que mirar antes de que el cansancio los pase por encima

Especialistas de Yale advirtieron que los efectos de la cafeína pueden extenderse durante horas y aparecen en productos insospechados, como chicles y sobres saborizados. Dieron recomendaciones puntuales para padres y madres de adolescentes.

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Javier RiverosSociedad y vida cotidiana · 22 DE SEPT DE 2026 · 5 min de lectura

A esta altura del año, con el calor todavía apretando en las veredas de Buenos Aires y la rutina de las escuelas ya en marcha, hay un tema que suele colarse en las conversaciones de familia sin que nadie le preste demasiada atención: cuántas tazas de café, cuántos mates, cuántas gaseosas o cuántas latas de bebida energética pasan por las manos de los adolescentes antes de que caiga la noche. Y la cuestión no es menor, porque, como me tocó leer esta semana, un grupo de especialistas de Yale salió a advertir que la cafeína puede empeorar justamente lo que muchos jóvenes y sus familias intentan combatir: el cansancio y las dificultades para descansar.

Señales que conviene no pasar por alto

Acá lo primero que hay que entender es que, cuando un chico o una chica tiene problemas para dormirse, está nerviso o le tiemblan las manos, no siempre se trata de una etapa pasajera o de los nervios lógicos de la edad: puede estar diciéndole a la familia que algo está consumiendo de más. La neumonóloga y especialista en sueño Sabhyata Agrawal, de la Universidad de Yale, explicó que un exceso de cafeína también puede provocar palpitaciones, molestias digestivas, una inquietud que no se va y hasta ansiedad, y que si a eso se le suma una caída del rendimiento escolar, el cuadro se completa y se vuelve difícil de ignorar.

Noelia, mamá de tres chicos y vecina de Lanús, me lo resumió en una frase que repetí mientras preparaba la nota: "Yo a mi hija la veía cansada y nerviosa a la vez, y no entendía nada hasta que empecé a mirar qué tenía en la mochila". Esa imagen, la mochila escolar como mapa de lo que un adolescente consume durante el día, es bastante útil para ordenar la conversación en casa.

Dónde se esconde la cafeína que muchos no cuentan

  • En latas de bebida energética, muchas veces con publicidades pensadas directamente para menores de edad.
  • En gaseosas de cola y otras variedades saborizadas, que se toman como si fueran agua.
  • En chocolate, especialmente en barras o golosinas con alto contenido de cacao.
  • En chicles con cafeína, una categoría que creció fuerte en los últimos años.
  • En sobres saborizados que se diluyen en agua, con formatos coloridos y sabores dulces o frutales.

Sobre estos últimos, la profesora asociada de Psiquiatría de Yale Grace Kong advirtió que pueden aportar entre 50 y 200 miligramos de cafeína por unidad, una cifra que a veces supera lo de un café chico. Y agregó algo que, como padre o madre, conviene tener presente: los sabores dulces y frutales disimulan el amargor propio de la cafeína y, justamente por eso, pueden hacer que los jóvenes los prueben sin dimensionar lo que están ingiriendo.

Por qué importa tanto la hora del día

Ahora bien, no alcanza con mirar qué consumen y cuánto, porque el horario es una pieza clave del rompecabezas. Siempre según Agrawal, la cafeína empieza a actuar entre 30 y 45 minutos después de tomarla, pero su efecto no se agota ahí: entre cinco y seis horas más tarde, todavía queda en el organismo aproximadamente la mitad de la cantidad que se ingirió. Por eso, la especialista sugirió evitarla pasadas las 13 o las 14, dependiendo del horario en que cada joven se acueste, una pauta que en la Argentina aplica sin esfuerzo si se tiene en cuenta que muchos chicos cenan tarde y recién se duermen después de las 23.

A eso hay que sumarle un cambio propio de la adolescencia que muchas familias intuyen pero pocas veces terminan de explicar: el reloj biológico de los jóvenes se va corriendo hacia horarios más tardíos, lo que hace que les cueste dormirse temprano y, al día siguiente, levantarse para ir al colegio. Cuando el cansancio se acumula, la salida más rápida suele ser otro estimulante, y se arma un círculo donde el alivio momentáneo vuelve a retrasar el descanso y profundiza el agotamiento del día siguiente.

Qué recomiendan los especialistas

En este punto, la investigadora del Departamento de Psiquiatría de Yale Jennifer Jiyun Park fue muy clara al recomendar evitar la cafeína antes de los 18 años y, sobre todo, excluir las bebidas energéticas de la alimentación de niños y adolescentes. También señaló que durante los videojuegos, tan comunes en las tardes y noches argentinas, el consumo de cafeína puede responder tanto a las ganas de mantenerse despierto como a una costumbre compartida con amigos en línea, un detalle que me parece clave porque muchas veces el café o la lata que un chico toma a las once de la noche nace más de la pantalla que de una decisión propia.

A todo esto, Agrawal agregó que los jóvenes pueden experimentar molestias con cantidades menores que las que afectan a los adultos, lo que refuerza la idea de que las recomendaciones generales no deberían copiarse y pegarse sin más a la rutina de los menores. En la misma línea, la especialista sugirió prestar atención a las rutinas nocturnas, en especial al uso de pantallas antes de dormir, porque la luz que emiten reduce la producción de melatonina, la hormona que ayuda a conciliar el sueño.

Mientras terminaba de ordenar la nota, volví a pensar en la mochila de la hija de Noelia, en las latas escondidas entre los útiles, en los sobres saborizados que parecen inofensivos y en las horas de pantalla que nadie controla del todo. También pensé que, si en las casas argentinas se hablara de la cafeína con la misma naturalidad con la que se habla de los horarios de la cena o del uso del celular, varios chicos estarían durmiendo un poco mejor y llegando a la escuela con menos sueño encima. Como me dijo Noelia antes de cortar, ya con el termo vacío en la mano: "A veces alcanza con mirar la mochila y preguntar qué hay adentro para empezar a cuidarlos un poco más".

JR
Javier RiverosSociedad y vida cotidiana

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