La cocina como punto de partida: por qué los toxicólogos piden mirar dos veces antes de meter el plástico en el microondas
Especialistas de Estados Unidos sugieren cambiar el recipiente antes de recalentar la comida y bajar la potencia del electrodoméstico. Qué se sabe hasta ahora sobre los microplásticos y por qué la evidencia, por ahora, no cierra el círculo.

Todavía hace calor en la vereda cuando uno apoya la bandeja sobre la mesada y se dispone a recalentar la comida que sobró del día anterior. Es un gesto automático, casi sin pensar, que repetimos millones de veces al año: abrir la puerta del microondas, meter el envase plástico y apretar el botón. Lo que parece un detalle menor de la vida doméstica empezó a ganar atención en los consultorios toxicológicos, y hoy hay recomendaciones concretas que cualquier vecino puede empezar a aplicar esta misma noche, sin gastar un peso y sin volver la casa un laboratorio.
Cambiar de recipiente, el primer paso
Antes de cualquier giro sofisticado, la recomendación de los especialistas consultados es bien terrenal: pasar la comida del envase plástico a uno de vidrio o cerámica antes de meterla al microondas. Así lo planteó Wells Brambl, médico toxicólogo y especialista en emergencias del Centro Médico Judío de Long Island, que depende de la red Northwell Health. La idea, según contó, es bajar la exposición a partículas que pueden desprenderse del plástico cuando recibe calor. Para Rubén, vecino de Palermo que recalienta el tupper del almuerzo todos los días en el trabajo, el planteo lo agarró desprevenido: "Yo siempre pensé que si decía apto para microondas, ya estaba, no había drama. Nunca se me ocurrió que igual podía largar algo a la comida".
La potencia importa, y mucho
Cuando no queda otra que usar plástico, el propio Brambl sugirió un ajuste sencillo: regular la potencia del microondas al mínimo indispensable para templar la comida, no para cocinarla. La lógica es que a mayor calor, mayor es el movimiento de las moléculas del polímero y, con él, la chance de que se liberen fragmentos pequeños y aditivos que forman parte de la fabricación. En criollo: no es lo mismo entibiar un guiso que hervirlo dentro del envase.
“El aumento de temperatura hace vibrar las moléculas del plástico y puede fracturar su estructura de polímeros, lo que permite que fragmentos y aditivos pasen a la comida.”Serah Oyewole, toxicóloga médica del Houston Methodist
Qué se sabe, y qué todavía no
La toxicóloga Serah Oyewole, del Houston Methodist, fue un paso más allá y explicó el mecanismo: el calor provoca una vibración en las moléculas del plástico capaz de fracturar la estructura de polímeros. Ese proceso abre la puerta al desprendimiento de fragmentos y también de sustancias que se agregaron durante la fabricación, como colorantes, antioxidantes y estabilizadores ultravioletas. Ahora bien, ¿eso significa que esos pedacitos nos enferman? Acá conviene pisar con cuidado, porque la ciencia todavía no cerró el círculo. Brambl reconoció que la literatura ya documentó la presencia de microplásticos y nanoplásticos en el cuerpo humano y que algunos datos los asocian con procesos inflamatorios. Pero, como él mismo aclaró, una correlación no prueba causalidad. Lo que se observa no alcanza para afirmar que esas partículas sean las responsables de determinada enfermedad.
- Pasar la comida a un recipiente de vidrio o cerámica antes de recalentarla en el microondas.
- Si no hay otra opción, bajar la potencia del microondas al mínimo necesario para templar la comida.
- No confiar ciegamente en la leyenda apto para microondas: no elimina la posibilidad de que se desprendan partículas.
- Revisar de a poco los utensilios, tapas y esponjas de plástico del hogar y reemplazar los que estén deteriorados.
- Preferir productos con menos envolturas plásticas siempre que se pueda.
La aclaración no es un detalle académico. Tiene que ver con cómo se comunican los riesgos y con qué expectativas se lleva la gente a su casa. En la conversación con los especialistas queda flotando una idea incómoda: aunque hagamos todo bien en la cocina, la contaminación ambiental puede poner a los alimentos en contacto con microplásticos antes incluso de que lleguen al supermercado. Eso no invalida los cambios domésticos, pero sí les pone un límite. Como dijo Marcela, vecina de San Telmo que cocina para toda la familia, "uno hace lo que puede, pero no se puede vivir paranoico". Brambl cerró su recomendación con una frase que resume el espíritu de todo esto: cambiar hábitos en la cocina busca reducir una parte del problema, no prometer soluciones mágicas.
Comentarios
0Todavía no hay comentarios. Sé el primero.
Seguí leyendo

Neuquén y el Alto Valle bajo el humo: ¿cuántos incendios afectan a la Patagonia?

¿Miedo o vulnerabilidad?: este es el significado de soñar con leones

Una madre caminó 15 kilómetros entre bardones de nieve para pedir ayuda y salvar a su familia varada en la cordillera neuquina
