La correntinada empuja al ganado hacia arriba: la carne entra en zona de tormenta
Entre 20.000 y 25.000 cabezas tuvieron que ser evacuadas en Corrientes por la crecida del Paraná, la oferta se retrajo en Cañuelas y el USDA anticipa dos millones de toneladas menos de carne vacuna en el mundo para 2026. De la hilera a la góndola, el precio ya empezó a moverse.

Les cuento de entrada cómo está el tiempo en esta esquina del sur de América, porque esa es, en buena medida, la razón por la que la carne vacuna empieza a recalentarse en las pizarras: en Corrientes no paran de llover desde hace semanas, el río Paraná se salió de cauce, las islas desaparecieron bajo el agua y los productores están corriendo a los animales como pueden, arreándolos por los trechos que todavía quedan en seco o embarcándolos en barcazas cuando la única salida es cruzar un brazo del río crecido. El cuadro es de esos que uno mira por la ventanilla del auto y no termina de dimensionar hasta que se acuerda de que, del otro lado del mostrador, en la carnicería del barrio, cada kilo de asado, de cuadril o de roast beef empieza a reflejar, en silencio, lo que está pasando en los campos del litoral.
Porque lo que ocurre en Bella Vista, en Goya, en Esquina y en toda la franja ribereña correntina no es un problema local aislado: es un movimiento de piezas que termina en el mostrador de Buenos Aires, de Rosario, de Córdoba o de Mar del Plata. De la hilera a la góndola, como me gusta decir cada vez que una noticia empieza en el barro de una tropa y termina en el ticket de la balanza, hay una línea muy fina que no siempre se nota, y esta vez se está cortando a la vista de todos.
El Paraná se llevó entre 20.000 y 25.000 animales del circuito productivo
La última estimación que manejaban las ruralistas y los propios productores dejaba a la hacienda evacuada en una franja de entre 20.000 y 25.000 cabezas, sumando vacas, vaquillas, novillos, terneros y también búfalos, esos animales grandes y oscuros que tanto abundan en los esteros del nordeste. Los números todavía se mueven, porque el agua sigue avanzando y los partes se actualizan casi por hora, pero el rango ya da la pauta de la magnitud del golpe: estamos hablando de decenas de miles de animales que, de un día para otro, dejaron de pastar en sus lotes y pasaron a ser un problema logístico para sus dueños.
Cuando la distancia entre una isla y la barranca es corta y el río tiene corrido suficiente, las vacas adultas se cruzan nadando, casi como si supieran lo que hacen; pero los terneros pequeños, los que llevan apenas unos pocos días en el campo, no aguantan esa travesía y hay que levantarlos en barcazas, uno por uno, con el trabajo lento y agotador que eso implica para la gente rural que está poniendo el cuerpo en medio del agua.
“El problema ya no es solo evacuar la hacienda, sino encontrar campos donde reubicarla y forraje para alimentarla. Si la situación se extiende, vamos a tener un serio problema de abastecimiento.”Fabián Gotardo, presidente de la Sociedad Rural de Bella Vista
Cañuelas no tardó en marcar la pulseada
- Novillos: tres puntos arriba respecto del promedio de la semana previa.
- Novillitos: dos puntos de suba.
- Vacas: cuatro puntos de incremento, la categoría que más se movió.
- Vaquillonas: se mantuvieron sin cambios.
Lo que se vio en Cañuelas, con esa suba de entre dos y cuatro puntos según la categoría, no fue un accidente: fue el precio reaccionando, casi en tiempo real, a la noticia que llegó desde el Norte. Cuando entra menos hacienda al remate, los compradores pujan más caro por lo que hay, y los frigoríficos, que necesitan faenar igual para no parar sus líneas, terminan pagando un poco más por cada kilo. A eso se suma un comportamiento que conozco bien y que esta vez se repite: los productores a desprenderse del animal gordo, el que ya está listo para faena, y a retener todo lo que todavía puede ganar kilos en el campo, lo que achica aún más la oferta disponible en el corto plazo.
El mundo, mientras tanto, achica la producción
Y para completar el panorama, el Departamento de Agricultura de Estados Unidos publicó su informe semestral de mercados cárnicos y dejó una cifra que, por sí sola, justifica cualquier suba en la góndola: la producción mundial de carne vacuna caerá cerca de dos millones de toneladas en 2026, hasta ubicarse en torno a los 60,2 millones. El ajuste se concentra principalmente en el consumo, que retrocedería más de 1,7 millones de toneladas respecto del máximo de 60,4 millones registrado en 2025. Para 2027, el USDA prevé que la producción mundial se estabilice cerca de los 60 millones de toneladas, un piso alto pero claramente más bajo que el techo reciente, lo que alimenta la expectativa de precios sostenidamente firmes durante los próximos dos ciclos.
Dentro de ese mapa, Argentina aparece del lado de los que producen más: el informe le proyecta 90.000 toneladas adicionales, en línea con India y Uruguay, mientras que Australia, la Unión Europea, Brasil y Estados Unidos muestran caídas. Brasil, por su peso como principal exportador global, concentra la mayor parte del recorte.
Lo que el Estado todavía no resolvió, y aquí permítanme pisar el terreno más espinoso de la nota, es el fondo del problema: la falta de infraestructura para estas emergencias hídricas en el NEA, los protocolos de rescate y traslado de hacienda, las compensaciones a los productores que pierden capital animal después de años de inversión y, sobre todo, una política nacional que piense la carne como lo que es, un bien estratégico y no una variable de ajuste. Mientras tanto, el río sigue creciendo y el mostrador, como siempre, termina pagando la cuenta.
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