La mochila invisible: cuando los deseos de los padres pesan más que los propios
La psicóloga Cynthia Wila, autora del ensayo La culpa, analiza cómo las expectativas familiares pueden transformarse en mandatos que persiguen a los hijos incluso en la adultez, y propone una revisión personal para distinguir la responsabilidad del reproche permanente.

Arrancamos la tarde con esa brisa tibia que se cuaja sobre la vereda de cualquier barrio porteño cuando el sol empieza a aflojar pero todavía pesa. En esas horas en que uno se sienta a repasar la jornada, suele aparecer una pregunta que muchos arrastran desde la infancia: ¿estoy haciendo lo que realmente quiero o lo que otros esperan de mí? Sobre esa mochila invisible conversé con la psicóloga Cynthia Wila, autora del ensayo La culpa, publicado por Paidós, y lo que me dejó pensando me parece que vale la pena compartir acá, en esta vuelta de la página donde las cosas de la vida cotidiana se cruzan con la psicología.
Wila arranca su planteo desde un lugar que a esta altura conozco bien, porque lo escuché en mesas de café, en sobremesas familiares y en consultas que amigos me confiaron: las expectativas de madres y padres no siempre nacen del cariño genuino hacia los hijos, sino de proyectos propios que quedaron a medio camino. Cuando eso ocurre, advierte la especialista, esas metas inconclusas se trasladan a los chicos como una demanda que resulta imposible de satisfacer, porque nadie puede cumplir con los deseos pendientes de otra persona, por más buena voluntad que le ponga.
El pedido cariñoso que también lastima
Hay algo que me llamó mucho la atención de lo que me dijo la psicóloga, y que creo que a más de uno le va a resonar: no hacen falta palabras hirientes ni gritos para que una expectativa se convierta en una carga. Un pedido expresado con cariño, con esa voz dulce que todos conocemos, puede dejar igualmente abierta la inquietud de saber qué esperan los grandes y qué habría que hacer para merecer su aprobación. Para Wila, esa búsqueda permanente genera angustia y, sobre todo, culpa.
“Cuando las exigencias quedan asociadas al miedo a perder el afecto de quienes las transmiten, las decisiones quedan condicionadas por ese temor.”Cynthia Wila, psicóloga y autora del ensayo La culpa
- Las normas que ayudan a convivir, como los límites a la agresividad, se distinguen de los mandatos que restringen las elecciones personales.
- Las voces y los juicios recibidos durante la infancia pueden incorporarse como reproches propios en la adultez.
- La exigencia puede persistir aunque ya no haya nadie formulándola desde afuera.
- Wila propone detenerse a pensar qué está pasando y examinar la responsabilidad concreta por los propios actos, en lugar de sostener un cuestionamiento permanente sobre uno mismo.
- La influencia de la familia, la educación, la religión y la cultura varía según las experiencias de cada persona, por lo que la autora describe recorridos individuales atravesados por palabras, gestos y situaciones vividas.
Lo que rescato de la charla con Cynthia Wila, y lo que me parece importante compartir con los lectores de esta sección, es que la propuesta no apunta a señalar a los padres ni a buscar culpables, sino a invitarnos a revisar de qué nos acusamos cada uno. La tarea es distinguir entre la responsabilidad por los propios actos y ese reproche permanente que muchas veces heredamos sin darnos cuenta. Como me dijo Jorge, un vecino de San Telmo con quien charlé mientras escribía esta nota: 'uno se da cuenta de que carga con cosas que ni siquiera eligió, y cuando las empieza a ver, empieza a soltar'. Esa frase, me parece, resume bastante bien el espíritu de lo que plantea la psicóloga: mirar la mochila, reconocer qué hay adentro y, después, decidir qué hacemos con cada cosa.
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