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Lunes, 5 de octubre de 2026
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La odisea de conseguir un certificado, una prótesis o una terapia en Córdoba: demoras de hasta catorce meses y cuentas que no cierran

Un relevamiento de la Defensoría del Pueblo provincial describe esperas de meses para acceder al CUD, a rehabilitaciones y a medicamentos, con familias que pagan de su bolsillo y una carga de cuidados que recae sobre las mujeres.

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Javier RiverosSociedad y vida cotidiana · · 4 min de lectura
La odisea de conseguir un certificado, una prótesis o una terapia en Córdoba: demoras de hasta catorce meses y cuentas que no cierran

El sol cae a plomo sobre la vereda de la Defensoría del Pueblo de Córdoba y uno se imagina, mientras seca el sudor de la nuca, la cantidad de gente que entra y sale de ahí con un papel debajo del brazo y la misma cara de agotamiento que llevamos todos cuando el trámite se estira más de la cuenta, y lo que acaba de presentar la Defensoría el 5 de octubre de 2026 no hace más que confirmar, con nombres y apellidos de las prestaciones, que esa exasperación tiene datos concretos: en esta provincia conseguir un turno para certificar una discapacidad, arrancar una rehabilitación o retirar una prótesis puede significar meses y meses de espera, con todo lo que eso significa en la vida cotidiana de las familias.

El informe, que fue elaborado a partir de entrevistas y grupos focales y por eso describe experiencias más que medir estadísticas, pone el foco en el acceso al Certificado Único de Discapacidad, el famoso CUD, y advierte que en la Ciudad de Córdoba las juntas evaluadoras funcionan en siete hospitales, dos de ellos pediátricos, donde las citas se entregan con esperas que van de dos a tres meses, un tiempo que a cualquiera le parece eterno si tiene que sostener un tratamiento, conseguir un puesto laboral protegido o simplemente acreditar lo que ya vive todos los días en su casa.

Terapias, prótesis y medicamentos: la fila que no avanza

Los plazos, como aclara la Defensoría, no son iguales para todas las prestaciones y ahí se vuelve más dura la lectura: Carlos Galoppo, defensor del Pueblo adjunto a cargo del relevamiento, señaló demoras de cuatro a nueve meses para acceder a prótesis y medicamentos, y esperas de nueve a catorce meses para ingresar a centros de rehabilitación, períodos que corresponden a lo expuesto en el documento y que, aclaran, no permiten anticipar cuánto va a demorar cada trámite en particular, una salvedad importante porque acá cada caso es un mundo y no todas las esperas se parecen.

“Mientras esperan esas respuestas, algunas familias ponen plata de su bolsillo para no frenar los tratamientos: una madre contó que desembolsó entre 150.000 y 180.000 pesos solo en sesiones, después de haber sostenido atención particular durante alrededor de dos años.”Madre entrevistada por la Defensoría del Pueblo de Córdoba

El gasto, claro, no se agota en las sesiones: el documento registra que mientras llega la respuesta oficial muchas familias pagan terapias, transporte y apoyos escolares de su propio bolsillo, y a la vez describe una sobrecarga de cuidados que recae de manera desproporcionada sobre las mujeres, con testimonios de madres que terminaron reduciendo su jornada laboral y, por consecuencia, sus ingresos, algo que en esta provincia, donde el calor de enero y el zonda de agosto ya nos complican la vida, suma un estrés extra que termina pesando en la mesa familiar.

Prestadores ahogados: aranceles atrasados y nafta por las nubes

Las dificultades, según el relevamiento, no se quedan en las familias y los usuarios sino que también alcanzan a quienes brindan las prestaciones: el estudio recoge atrasos de varios meses y hasta un año en los pagos de obras sociales y programas estatales, un cuadro que se completa con un dato muy gráfico y es que entre diciembre de 2023 y agosto de 2026 los aranceles del nomenclador nacional, o sea lo que se les paga a los profesionales, aumentaron en promedio un 225%, mientras que la inflación acumulada en ese mismo período fue del 336%, es decir que los ingresos del sector corrieron detrás de los precios y, como pasa siempre en estos casos, terminaron perdiendo en la carrera.

El informe, además, vincula estas condiciones con dificultades para sostener los servicios y describe instituciones que tuvieron que recortar gastos de funcionamiento, algo que en la práctica termina impactando otra vez en la puerta de entrada del usuario, porque cuando un centro cierra o reduce horarios se vuelve a empezar la búsqueda desde cero, y así, como me decía esta mañana un vecino del departamento Capital mientras tomábamos unos mates en la puerta de su casa, lo que empieza siendo un trámite termina siendo una pelea contra el tiempo, y por eso, más allá de los números, lo que queda flotando en el aire de Córdoba es esa sensación compartida de que cuando el Estado se demora, son las familias, y sobre todo las mujeres, las que terminan poniendo el cuerpo y el bolsillo para que el tratamiento no se corte.

JR
Javier RiverosSociedad y vida cotidiana

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