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Mente en orden: los gestos cotidianos que ayudan a sostener la memoria según los especialistas

Dormir bien, moverse, comer con criterio y animarse a aprender algo nuevo forman parte del menú que los expertos recomiendan para mantener la cabeza activa. La fragmentación de la atención, alimentada por el celular, aparece como uno de los enemigos principales del recuerdo.

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Javier RiverosSociedad y vida cotidiana · 27 DE SEPT DE 2026 · 4 min de lectura

Lo confieso: arranqué esta nota todavía con el sopor del café de las ocho, el radiotaxi con la ventanilla a medio bajar y esa brisa tibia que en Buenos Aires suele mezclarse con el zonda cuando el termómetro decide hacer de las suyas. Pero el tema de hoy no tiene que ver con el clima sino con algo mucho más cercano, que nos atraviesa a todos y sobre lo que conviene empezar a hablar en serio: la memoria, y cómo los pequeños gestos del día a día pueden cuidarla o, sin darnos cuenta, deteriorarla.

La primera recomendación que repiten los especialistas consultados tiene una lógica casi de sentido común, pero cuesta horrores aplicarla: hacer una sola cosa por vez. En tiempos de pantalla partida, notificaciones al canto y grupos de WhatsApp que no paran de vibrar, el cerebro se ve obligado a saltar de foco en foco, y ese péndulo constante tiene consecuencias concretas.

“Esa alternancia aumenta los errores y genera un estrés que puede perjudicar la memoria de corto plazo.”Gary W. Small, director de terapias innovadoras de salud conductual de Hackensack Meridian Health

El celular como protagonista de la fragmentación

Acá, en la redacción, lo vemos todo el tiempo. El cronista abre el correo, contesta un chat, mira el portal, vuelve al correo y, cuando quiere acordar, ya no recuerda en qué quedó la nota que estaba leyendo. Los especialistas lo describen como un problema estructural: revisar mensajes mientras se mantiene una conversación o se responde un correo obliga al cerebro a cambiar de foco permanentemente, y cada salto es una oportunidad para que la memoria de corto plazo se resienta.

Una salida concreta, y al alcance de la mano, consiste en dejar el teléfono lejos mientras se desarrolla una tarea, reservar horarios fijos para mirar el correo electrónico y concentrar los trámites administrativos en un mismo bloque horario. También sirve un ejercicio casi trivial: cuando se nos escapa un nombre conocido, intentar recuperarlo por nuestra cuenta antes de tipearlo en Google. Esa búsqueda interna activa zonas del cerebro que el simple “me lo dice el buscador” deja en reposo.

  • Reservar momentos del día para revisar mensajes, en lugar de atenderlos de forma interrumpida.
  • Dejar el celular fuera del alcance mientras se lee, se trabaja o se conversa.
  • Antes de buscar un dato en el teléfono, intentar reconstruirlo mentalmente durante algunos segundos.
  • Agrupar los trámites administrativos en una misma franja horaria para evitar el salto permanente de tema.

Dormir bien, moverse y comer con criterio

El descanso aparece como otra de las columnas del cuidado. Mientras dormimos, el cerebro se ocupa de ordenar y consolidar lo aprendido durante la jornada. Por eso la recomendación clásica de dormir entre siete y ocho horas no es un capricho de los manuales de salud, sino un piso funcional para que ese proceso de archivo nocturno pueda completarse. Una siesta de alrededor de 30 minutos puede contribuir, además, a fijar información, como complemento del sueño principal.

Moverse también suma, y mucho. El ejercicio mejora el aporte de oxígeno y nutrientes al cerebro y estimula la producción de proteínas involucradas en la comunicación entre neuronas. En un estudio de la Universidad de Illinois, seguido durante un año a 120 personas de entre 55 y 80 años, quienes caminaron a paso rápido durante 40 minutos, tres veces por semana, mostraron un hipocampo un 2 por ciento más grande que quienes se dedicaron a estiramientos y tonificación. La diferencia parece pequeña, pero en términos de estructura cerebral es significativa.

Mesa compartida, conversación larga y una habilidad nueva

La alimentación tiene su capítulo propio. Los especialistas mencionan el patrón MIND, que combina lo mejor de la dieta mediterránea y de la llamada DASH: cereales integrales, vegetales de hoja, frutos secos y pescados grasos como protagonistas. No se trata de hacer milagros con un plato, sino de sumar este cuidado al resto de la rutina, porque lo que se come también alimenta la atención y la capacidad de archivar recuerdos.

Por último, queda el factor social y el cognitivo, dos caras de la misma moneda. Una conversación exige escuchar, interpretar y, sobre todo, recuperar experiencias para responder. Tocar un instrumento, estudiar un idioma o animarse a un curso nuevo obligan a sostener la atención, memorizar secuencias y resolver problemas. Como me dijo una vecina del departamento de arriba, mientras charlábamos en el pasillo con la puerta entreabierta: “Mientras pueda aprender algo, la cabeza se mantiene despierta”. Y la verdad, mirá, es una de las frases más lúcidas que escuché en mucho tiempo.

JR
Javier RiverosSociedad y vida cotidiana

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