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Martes, 13 de octubre de 2026
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Por qué seguir diciendo que alguien es de cerebro izquierdo o derecho no explica nada

Un equipo de investigadores revisó más de mil resonancias y concluyó que la especialización hemisférica no clasifica personas. Qué dice la ciencia sobre un mito que sobrevive en aulas, oficinas y conversaciones de café.

JR
Javier RiverosSociedad y vida cotidiana · · 4 min de lectura
Por qué seguir diciendo que alguien es de cerebro izquierdo o derecho no explica nada

La siesta porteña de este martes pegaba fuerte y la térmica pasaba los treinta grados, así que más de uno se habrá quedado pegado a la pantalla del celular mientras buscaba alguna excusa para no moverse de la silla. Y justamente en una de esas vueltas por internet aparece otra vez el viejo, conocido y empecinado mito del cerebro izquierdo y cerebro derecho, esa idea que lleva años repitiéndose en, en cursos de capacitación y hasta en la sobremesa del domingo. La psicóloga Grace Tworek, de Cleveland Clinic, lo dijo con una claridad que a mí me dejó pensando un buen rato: las fortalezas individuales no prueban que una mitad del cerebro gobierne la personalidad. Y tiene razón, porque la ciencia viene juntando evidencia desde hace rato y el casillero no cierra.

De dónde salió la idea y por qué sigue viva

La clasificación de personas en de cerebro izquierdo, racionales y analíticas, o de cerebro derecho, creativas e intuitivas, se metió hace años en cuestionarios de internet, en propuestas educativas y en conversaciones cotidianas. El problema, como me señaló una colega que trabaja en divulgación científica, es que esa idea no tiene base científica real, aunque arranque de un dato verdadero: los hemisferios cerebrales no hacen exactamente lo mismo. El izquierdo interviene de manera importante en el lenguaje y maneja el movimiento del lado derecho del cuerpo. El derecho participa más en el procesamiento visual y espacial y controla el lado izquierdo. Esa distribución existe y está bien estudiada, pero no define la manera de aprender ni el talento de cada persona, y ahí está la trampa en la que caemos cuando repetimos el lugar común sin chequearlo.

Qué vio el estudio más grande sobre el tema

  • Se analizaron imágenes de conectividad cerebral en reposo de 1.011 personas de entre 7 y 29 años, un universo enorme para este tipo de investigaciones.
  • Los autores identificaron regiones con lateralización, incluidas áreas vinculadas al lenguaje en el hemisferio izquierdo y redes de atención en el derecho.
  • No se encontró evidencia de que esas conexiones se agrupen en un patrón que favorezca de manera constante a un hemisferio sobre el otro en cada individuo.
  • La conclusión es clara: la especialización hemisférica es una propiedad local de ciertas redes neuronales, no un rasgo global que sirva para clasificar a las personas.
  • El trabajo fue publicado en la revista científica PLOS ONE y se convirtió en una de las referencias más citadas cuando se discute el tema.

Por qué pensar en mitades no ayuda a pensar mejor

Acá viene lo que a mí más me interesa como alguien que escribe sobre la vida cotidiana de los argentinos. Resulta que ambos hemisferios se comunican de forma permanente a través del cuerpo calloso, un conjunto de fibras nerviosas que se encarga de intercambiar información entre las dos mitades. Esa coordinación constante es la que hace posible las tareas más comunes, desde charlar con un vecino hasta atender a un cliente o mirar una serie. Tomemos un ejemplo bien terrenal: una conversación requiere, al mismo tiempo, procesar palabras, interpretar el tono de voz, leer gestos y manejar el contexto emocional, y eso no lo hace un hemisferio solo, sino los dos trabajando en red. Cuando uno se queda con la idea de que es de izquierda o de derecha, lo que termina haciendo es subestimar la complejidad del órgano que tiene en la cabeza y, peor aún, autolimitarse en lo que cree capaz de aprender, que es justo lo que advierte la Unesco cuando dice que trasladar estas ideas al aula puede condicionar las expectativas sobre los alumnos y desincentivar la práctica de habilidades que, en realidad, se entrenan con práctica y con ganas.

El origen concreto del mito y por qué no se puede extrapolar

El mito tuvo un origen concreto que a veces se olvida cuando lo repetimos: investigaciones sobre pacientes a quienes se les seccionó el cuerpo calloso para controlar crisis epilépticas graves permitieron estudiar diferencias entre hemisferios. Pero esas condiciones son excepcionales y no representan el funcionamiento de un cerebro sano y sin lesiones. Extrapolar esos hallazgos al conjunto de la población es, como me dijo un vecino de San Telmo al comentarle el tema, como sacar conclusiones sobre cómo corre un equipo de fútbol mirando solo los entrenamientos de la reserva: te puede dar una pista, pero no te explica el partido. La próxima vez que alguien le diga a uno que es muy de cerebro izquierdo o muy de cerebro derecho, se puede sonreír con amabilidad, asentir y seguir tomando el mate, porque las etiquetas no corren por cuenta de la ciencia, y pensar que la creatividad o el orden dependen de la mitad del cerebro es, en el fondo, una forma elegante de no hacerse cargo de lo que sí se puede entrenar.

JR
Javier RiverosSociedad y vida cotidiana

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