Domingo, 6 de septiembre de 2026
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Una canción, una sala de espera y la huella de Ernestina Pais que Rocío Igarzábal no puede borrar

A dos meses del accidente que se llevó a su compañera de elenco, la actriz rememoró un episodio que la dejó sin palabras: una desconocida empezó a cantar en un hospital la misma melodía de Julieta Venegas que las dos habían compartido a los gritos en el auto.

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Hugo ElizondoVitivinicultura y campo · 6 DE SEPT DE 2026 · 4 min de lectura

Hay mañanas en que el frío se instala antes que el sol y uno sale a la calle todavía con la bufanda puesta de la jornada anterior, como si el invierno no terminara de irse del todo. En esas horas en que la ciudad todavía está medio dormida, uno se cruza con caras conocidas que caminan apuradas, con el termo en una mano y el celular en la otra, y piensa que cada uno carga su propio inventario de ausencias. Lo que cuenta Rocío Igarzábal a dos meses de la muerte de Ernestina Pais pertenece a ese tipo de historias que se cuentan bajito, casi en voz baja, porque le mueven a uno el piso y obligan a mirar el techo para que no se note lo que están haciendo los ojos.

La actriz volvió a hablar de su amiga en una entrevista radial y eligió un episodio que la marcó a fuego. No fue una declaración grandilocuente ni un discurso solemne: fue la descripción de una coincidencia tan exacta que, como ella misma reconoció, se le erizó la piel. Lo contó con la voz entrecortada, anticipando que el corazón ya le latía fuerte antes de empezar a hablar, y dejó en el aire una frase que se repite sola: "Yo sentí que me estaba diciendo que ella estaba bien".

De la gira al auto, una melodía compartida

Para entender el peso de lo que ocurrió hay que retrotraerse unos meses, cuando Igarzábal y Pais compartían elenco en una obra que las llevaba de gira. En ese trajín de funciones, traslados y camarines compartidos se construyó una amistad que las dos descreían al principio y que terminó sosteniéndose en confidencias cantadas. Igarzábal le había confesado a su compañera que "Todo está aquí", del MTV Unplugged de Julieta Venegas, era una de sus canciones favoritas. Tanto que la melodía la inspiró a componer un tema para su hija, previsto para integrar un disco que verá la luz el año próximo. Las dos la cantaron a los gritos en el auto, en uno de esos viajes de vuelta del teatro, con la emoción a flor de piel.

La sala de espera y la señal que nadie pidió

El lunes 29 de junio, apenas tres días después del fallecimiento, Igarzábal fue a hacerse un espinograma. En la sala de espera había pocas personas. Una mujer mayor se acercó, la reconoció y le contó que su hijo había sido una de las últimas personas en estar junto a Pais en los momentos finales del accidente y que estaba muy afectado por lo que había vivido. Cuando la llamaron para entrar al estudio, otra mujer que estaba sentada a varios asientos de distancia, con su hijo pequeño al lado, empezó a cantar en voz alta: "Todo está aquí...".

“Se me erizó la piel. Yo sentí que me estaba diciendo que ella estaba bien.”Rocío Igarzábal

Ernestina Pais murió el 26 de junio en San Isidro, atropellada por un tren, cuando se dirigía al teatro para hacer la función de la obra que protagonizaba junto a Igarzábal. La casualidad que su compañera rememoró no cambia lo irreparable, pero le dio un cierre íntimo a algo que no lo tenía. Desde aquel 29 de junio, dijo, la música de Julieta Venegas tomó un lugar nuevo en su vida, como si la melodía se hubiera reconvertido en una manera de seguir hablándole.

  • Una coincidencia que une una canción de Julieta Venegas, una sala de espera y un duelo todavía fresco.
  • El recuerdo de una gira teatral en la que se construyó una amistad entre Igarzábal y Pais.
  • Una composición inspirada en esa melodía, pensada para la hija de la actriz y prevista para un disco que saldrá el año próximo.
  • Un relato público en radio, con la voz entrecortada, a más de dos meses del accidente.
  • Una pregunta que sigue abierta: cómo se sigue cuando una señal así aparece en medio del dolor.

A mí, que vengo siguiendo estas historias desde hace años, este episodio me deja pensando en algo que va más allá de la farándula y que tiene que ver con la manera en que los vínculos sobreviven a la pérdida. También me deja pensando en lo que el Estado todavía no resolvió, que es la pregunta de fondo que sobrevuela cada muerte ocurrida en un paso a nivel sin barreras: cómo es posible que en pleno siglo veintiuno un tren siga ganando la carrera contra una persona, qué señales acústicas y luminosas funcionan y cuáles no, y qué responsabilidad les cabe a las empresas ferroviarias y a los municipios en la prevención. Pero esa es otra nota, que merece su propio espacio. Esta, la de hoy, le pertenece a Rocío, a Ernestina y a una canción que se empecina en volver cada vez que alguien la necesita.

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Hugo ElizondoVitivinicultura y campo

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