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Martes, 13 de octubre de 2026
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Una semana con el cielo tapado: el bloqueo atmosférico que tiene al AMBA atrapado entre nubes y lloviznas

Un centro de altas presiones instalado sobre el Atlántico impide que mejore el tiempo en Buenos Aires y el conurbano. Se esperan varios días de cielo gris, temperaturas frescas y chaparrones, con un miércoles y un jueves que serán los más complicados.

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Javier RiverosSociedad y vida cotidiana · · 4 min de lectura
Una semana con el cielo tapado: el bloqueo atmosférico que tiene al AMBA atrapado entre nubes y lloviznas

La verdad es que esta mañana salir a la vereda en el AMBA se siente más como un día de julio que como un octubre cualquiera, y no es una sensación caprichosa ni exagerada de los vecinos: hay una explicación meteorológica concreta que tiene atrapados a la ciudad de Buenos Aires y al conurbano bajo un cielo persistentemente gris, cargado de humedad y con temperaturas que se resisten a subir, algo que se va a sostener a lo largo de toda la semana que estamos transitando, con chaparrones intermitentes y muy poco lugar para el sol, un combo que ya empezó a instalar la queja cotidiana en los bares, en las paradas del colectivo y en los grupos de WhatsApp de cada barrio.

Un bloqueo que no deja pasar el buen tiempo

Lo que está pasando tiene nombre técnico y, a la vez, una lógica bastante sencilla de entender: un bloqueo atmosférico generado por un centro de altas presiones que se quedó estacionado sobre el océano Atlántico y que funciona como una especie de pared invisible que impide la llegada de otras masas de aire a la región, lo que en la práctica significa que el AMBA queda varado con vientos del este y del sudeste que no se van, con humedad que se acumula día tras día y con un patrón de nubosidad baja que se recicla de manera permanente, según lo que explican los servicios meteorológicos que vienen siguiendo este fenómeno desde hace varios días.

  • Centro de altas presiones estacionado sobre el Atlántico, que actúa como bloqueo.
  • Vientos predominantes del este y del sudeste, que refuerzan la sensación de frío.
  • Lloviznas y chaparrones intermitentes, sin acumulados importantes en general.
  • Mínimas entre 11 y 13 °C y máximas que no superan los 18 °C.
  • Miércoles y jueves, los días de mayor inestabilidad, con más del 70% de probabilidad de lluvia.
  • Hacia el fin de semana, primeras señales de mejora, aunque sin sol firme todavía.

Acá, en la vida cotidiana de los barrios del conurbano y de la Capital, lo que se traduce es en una semana donde el placard sigue teniendo la campera gruesa a mano, donde la pregunta de cada mañana es si conviene llevar paraguas o piloto y donde el sol aparece apenas como un amague tímido detrás de la nubosidad, algo que los meteorólogos atribuyen a la poca amplitud térmica y a la escasa presencia de radiación solar, dos factores que se retroalimentan y que mantienen esa sensación de frío húmedo que tanto molesta cuando uno espera que octubre ya empiece a mostrar un poco de calor.

Miércoles y jueves, los días más complicados

Si hay que marcar dos jornadas clave en el calendario de esta semana, no hay dudas: el miércoles y el jueves son los días donde el tiempo se pone más pesado, con probabilidades de precipitación que superan el 70% y con acumulados que, si bien no serán catastróficos, sí prometen mojar de manera sostenida: hasta 5 milímetros el miércoles y hasta 10 milímetros el jueves, un número que no es enorme pero que, repartido en chaparrones intermitentes a lo largo del día, alcanza para arruinar planes al aire libre, para complicar el regreso a casa y para dejar las calles del AMBA con el clásico charco que no termina de escurrir nunca, sobre todo en las zonas donde el asfalto ya pide un poco de obra.

A esto se suma que en las zonas ribereñas, es decir a lo largo de la costa del Río de la Plata, el viento se va a hacer sentir con más fuerza hacia la mitad de la semana, con velocidades sostenidas de entre 10 y 20 kilómetros por hora y ráfagas que pueden llegar a los 40 kilómetros por hora, condiciones que no llegan a ser extremas pero que alcanzan para que caminar por la costanera se transforme en una pequeña aventura y para que los que salen a correr o a andar en bici tengan que aclimatarse a un esfuerzo extra, como me lo hizo notar Rubén, vecino de Lanús, mientras tomaba un café en la esquina de su casa y miraba el cielo con cara de pocos amigos: "Mirá, yo ya ni miro el pronóstico, me levanto, agarro el piloto y salgo, porque esta semana es así y no hay con qué darle, el día que aparezca el sol de verdad avísenme y recién ahí planifico algo con los chicos".

El viernes, para colmo, no trae la mejor esperada: el cielo seguirá mayormente cubierto, con nuevas posibilidades de lloviznas y temperaturas que se moverán entre los 13 y los 17 grados, un rango que mantiene la pauta fresca de toda la semana y que sigue sin permitir ese salto térmico que uno suele asociar con la llegada de la primavera, de modo que la recomendación práctica, si uno tiene que organizar la rutina, pasa por no confiarse del calendario y sí del estado real del cielo cada mañana, porque la mejora, según los pronósticos, recién se va a insinuar durante el fin de semana con una baja en la probabilidad de lluvias, y las jornadas más estables y con mayor presencia de sol recién llegarían en el arranque de la semana siguiente, una noticia que para los que ya están hartos del gris funciona casi como una promesa de fin de semana largo.

JR
Javier RiverosSociedad y vida cotidiana

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