Una ventana abierta: reimplantan en Edimburgo tejido testicular propio y un mendocino revive la pregunta de si acá podría replicarse
Un joven británico de 19 años recibió en agosto un autotrasplante experimental con material que había congelado antes de una quimioterapia. El caso reabre el debate sobre fertilidad y cáncer, y la nota se detiene en qué se hizo, qué se espera y por qué importa mirarlo de cerca desde Argentina.

La tarde en que el termómetro de Buenos Aires se niega a bajar, cuando la vereda despide ese calor que parece subir desde las baldosas, uno se topa con una noticia que llega desde el otro lado del mundo y, sin embargo, toca un tema que acá se discute mucho más de lo que se publica: qué pasa con la fertilidad de un joven al que la quimioterapia le cambia la vida de un día para otro. En Edimburgo, en agosto de este año, un paciente de 19 años recibió el primer autotrasplante de tejido testicular hecho en el Reino Unido, una intervención experimental que busca responder una pregunta enorme con una biopsia muy chica: ¿pueden las células madre del testículo, guardadas en frío durante años, volver a fabricar espermatozoides cuando se las devuelve al cuerpo que las perdió? Yo, que vengo siguiendo estos temas desde hace rato y que cada tanto hablo con vecinos de distintas provincias, te juro que la historia entera se cuenta con una mezcla de asombro y de esa esperanza callada que tienen los que alguna vez escucharon la palabra infertilidad en una consulta.
El joven, cuya identidad se mantiene en reserva, había congelado una muestra de tejido testicular en 2023, antes de someterse a un trasplante de médula ósea para tratar un trastorno sanguíneo grave. La quimioterapia de alta dosis que ese procedimiento exige podía dejarle una secuela devastadora e irreversible: la imposibilidad de producir espermatozoides. Tres años más tarde, los análisis confirmaron lo que se temía, y el equipo del sistema público de salud escocés, el NHS Lothian, junto con científicos de la Universidad de Edimburgo, decidió reimplantarle parte del material preservado. La movida es tan delicada como suena: se trata de su propio tejido, guardado con frío, devuelto a su propio cuerpo, en un intento por despertar lo que el tratamiento oncológico apagó.
Por qué la técnica es experimental y qué se espera medir
El tejido testicular contiene células madre espermatogoniales, que son las precursoras que a partir de la pubertad dan origen a los espermatozoides. La hipótesis que guía el ensayo es que esas células, conservadas por congelación y reintroducidas en el mismo organismo, puedan reactivarse en el entorno del testículo y volver a fabricar gametos funcionales. Ocho meses después del trasplante, los médicos retirarán y analizarán una porción del tejido implantado para verificar si se produjo espermatogénesis, el nombre técnico del proceso. En caso de que aparezcan espermatozoides, los especialistas deberán confirmar además que son aptos para reproducción asistida. Y acá viene un punto clave para los pacientes con antecedentes oncológicos: el protocolo exige descartar que el tejido reimplantado contenga células malignas, a través de histología, inmunohistoquímica y marcadores moleculares, porque reimplantar sin ese filtro sería abrir la puerta a un riesgo enorme.
“Siempre quise tener hijos propios, pero empecé a aceptar que quizá no sería posible. Este procedimiento me dio una esperanza real para el futuro.”El paciente, cuya identidad se mantiene en reserva
Lo que ya se hizo en Bélgica y por qué importa
- En 2025 se informó del primer caso en humanos, un belga de 27 años cuyo tejido había sido congelado cuando tenía 10, y que produjo espermatozoides maduros tras reimplantarse 16 años después.
- Hasta ahora no se comunicó una fecundación ni un nacimiento a partir de ese material, de modo que el resultado es una señal alentadora pero todavía parcial.
- Rod Mitchell, profesor de endocrinología del desarrollo de la Universidad de Edimburgo y responsable del equipo, sostuvo que la técnica debe demostrar que permite obtener espermatozoides y lograr nacimientos de manera segura y repetible, y que eso todavía no está demostrado.
En Argentina, mientras tanto, la Ley 26.862 de reproducción médicamente asistida incorporó al Programa Médico Obligatorio los procedimientos de reproducción asistida y la preservación de gametos o tejidos reproductivos, lo que en los papeles garantiza el acceso a este tipo de conservación para quienes reciben tratamientos que pueden afectar su fertilidad, aunque en la práctica la implementación varíe según la provincia, la obra social y el hospital. Charlando con Patricia, vecina de Guaymallén y madre de dos pibes ya grandes, ella me decía algo que resume lo que escucho en muchas mesas familiares: mientras haya un protocolo serio y se cumpla, lo que uno pide es que a los chicos les avisen a tiempo que existen estas opciones, antes de empezar una quimioterapia, no después. La frase, simple como parece, sigue siendo la materia pendiente.
Si la biopsia a los ocho meses muestra espermatogénesis, recién ahí empezará una segunda etapa, la más larga: comprobar que esos espermatozoides sirvan para una fecundación y, eventualmente, para un nacimiento. Por ahora, lo que hay en Edimburgo es un paciente, un equipo médico y un reloj corriendo contra el tiempo. Y del otro lado del Atlántico, varios países observando de cerca, con la expectativa lógica de que lo que se pruebe en un hospital escocés termine, algún día, transformándose en una opción real y accesible para quien la necesite acá, a la vuelta.
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