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Miércoles, 21 de octubre de 2026
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Una mañana de octubre, la cola para ver a Carrère y la pregunta que todos se llevaron a casa

El escritor francés llegó a Buenos Aires con Koljós bajo el brazo, pasó por Eterna Cadencia y colmó la Facultad de Derecho de la UBA junto a Leila Guerriero. Crónica de una visita que dejó a casi mil personas hablando de lo mismo durante toda la semana.

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Javier RiverosSociedad y vida cotidiana · · 5 min de lectura
Una mañana de octubre, la cola para ver a Carrère y la pregunta que todos se llevaron a casa

Eran pasadas las diez de la mañana del viernes y el sol ya pegaba de lleno sobre la vereda de la Facultad de Derecho, en pleno centro porteño, cuando me acerqué a ver qué pasaba con la fila que daba vuelta a la manzana. El aire estaba pesado, de esos que invitan a buscar sombra, y sin embargo la gente seguía avanzando, ordenadita, con un libro de Carrère en la mano o, las más previsoras, con una botella de agua. Ahí nomás, antes de llegar a la entrada, me crucé con Marta, de Recoleta, que me dijo sin que le preguntara demasiado que había llegado a las ocho y media porque tenía miedo de quedarse afuera: «Yo ya fui a la conferencia de la mañana en Eterna Cadencia, no me podía perder esto, es una vez en la vida». La frase, acá, resumía un poco el ánimo de toda la cuadra.

Porque lo que había pasado en Buenos Aires en las últimas horas era algo que, sinceramente, no se ve seguido con un autor europeo. Emmanuel Carrère, parisino de 68 años, ganador del Prix des Prix y del Premio Princesa de Asturias, había bajado del avión con un solo libro bajo el brazo, Koljós, su última obra publicada este 2025, y una agenda tan cargada que los lectores más atentos tuvieron que elegir: o la conferencia de prensa en Eterna Cadencia, a media mañana, o la entrevista pública en el auditorio de Derecho, a la noche. Los más fanaticos, como Marta, hicieron las dos.

La mañana en Eterna Cadencia: frases cortas y un guiño al futuro

Por la mañana, en el bar de Eterna Cadencia, Carrère se sentó frente a un puñado de periodistas con una remera negra y una amabilidad que desarmaba cualquier pretensión solemne. Respondió con frases breves, casi telegráficas, y cuando le preguntaron por la inteligencia artificial y el futuro de la escritura, se permitió una de esas declaraciones que uno imagina dichas con media sonrisa: dijo que tenía «la suerte de ser demasiado viejo para que sea su problema». El escritor lo planteó como un alivio personal más que como una declaración doctrinaria, pero el tema quedó picando entre los que estábamos ahí.

La noche en Derecho: sala colmada, ovación de recital

Pero el plato fuerte fue a la noche, en el auditorio de la Facultad de Derecho de la UBA. El lugar, con capacidad para unas novecientas personas, terminó colmado: había gente sentada en el piso, parejas que compartían una sola butaca y lectores que se quedaron de pie en los pasillos laterales durante las casi dos horas que duró la conversación. La encargada de entrevistarlo en escena fue Leila Guerriero, referente ineludible del periodismo narrativo latinoamericano, que manejó el ritmo con oficio y le permitió a Carrère explayarse sobre su recorrido sin que la charla se volviera un monólogo.

Carrère subió al escenario con camisa a cuadros arremangada, remera negra y zapatillas, lejos del estereotipo del intelectual parisino. Lo recibieron con una ovación que, por volumen y por la manera en que arrancó de golpe, se pareció mucho más a la de un recital que a la de un evento literario. Y a partir de ahí, lo que vino fue un repaso en voz alta por su propia obra, de sus primeras ficciones escritas «en un trance alucinatorio», según contó él mismo, pasando por el bloqueo creativo que lo dejó varios años sin poder escribir, hasta la biografía de Philip K. Dick que lo sacó de esa parálisis y le permitió volver a sentarse a escribir todos los días. De ahí vinieron De vidas ajenas, El Reino, Yoga y V13, hasta llegar a Koljós, el libro que lo trajo a Buenos Aires y que cierra, por ahora, un arco muy personal: la historia de su infancia y de la vida de sus padres, ambos fallecidos en 2023 con pocos meses de diferencia.

Hubo un momento, cuando la charla pasó por El adversario, el libro en el que Carrère narró el caso real de Jean-Claude Romand, un hombre que asesinó a su familia entera para sostener una mentira construida durante décadas, en el que el silencio del auditorio se hizo casi físico. El autor contó que pasó dos años dando vueltas alrededor del proyecto, sin poder avanzar, hasta que entendió algo que después repitió como si fuera una de las claves de todo lo que escribe: «una historia así de monstruosa en un punto tiene que ver con casi todos nosotros». Y agregó, como ampliándolo, que en la escritura «siempre hay que ir adonde uno no quiere ir». La frase quedó flotando en el aire y yo vi, desde donde estaba, cómo varios de los que tenían el libro abierto empezaban a subrayar con el celular, tomándole una foto a la pantalla.

Una ciudad que se reorganizó alrededor de un autor

Lo que dejó la visita, más allá del libro concreto, fue la imagen de una franja de lectores muy concretos reorganizando su semana para no perderse nada. Hubo quienes salieron temprano del trabajo para llegar a Eterna Cadencia, quienes cambiaron turnos en la oficina, quienes pidieron el día y directamente viajaron desde otras provincias para escucharlo una sola vez. El Festival Internacional de Literatura, el FILBA, volvió a mostrar que en Buenos Aires todavía existe un público capaz de hacer fila durante horas por un autor, y que ese público, además, sabe muy bien quién es Emmanuel Carrère y por qué lo lee.

Para los que no pudieron estar en ninguno de los dos eventos, la buena noticia es que los libros de Carrère están todos en circulación en ediciones de Anagrama, en librerías de todo el país, incluido Koljós, que es por donde, según me dijo Marta mientras la fila ya empezaba a moverse hacia adentro de la Facultad, conviene empezar si uno todavía no leyó nada del francés: «empezá por ahí», me dijo, «ese es el que te explica quién es él». Y se acomodó la mochila y entró, como si tuviera toda la razón.

JR
Javier RiverosSociedad y vida cotidiana

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